SEGUROS: LA IMPORTANCIA DE LA CULTURA DE LA PREVENCIÓN EN MÉXICO

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En extensión, México es el tercer país más grande de Latinoamérica, sólo después de Brasil y Argentina. A lo largo de su territorio viven más de 129 millones de personas, lo que a su vez lo ubica en el décimo lugar a nivel mundial en términos de población (BM, 2017). En cuanto a economía ocupa el decimoquinto lugar comparado con el resto de los países (BM, 2017). Esto explica su lugar globalmente y, en específico, el peso que tiene en la región.

Sin embargo, en otros rubros el panorama es distinto. De acuerdo con un mapa interactivo que presentó la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, sólo el 43% de los municipios en México posee todos los canales de acceso a servicios financieros, es decir, menos de la mitad cuentan con toda la variedad de oficinas bancarias, de entidades financieras, como las aseguradoras, cajeros automáticos, etc. Esto significa que, sin dejar de reconocer los avances, hay muchas tareas pendientes en cuanto a inclusión financiera en beneficio de la sociedad como conjunto. La cuestión está relacionada directamente con el sector asegurador.

Los registros dejan constancia de cómo este sector ha cambiado a lo largo de los años. De 1993 a 2017 ha habido un crecimiento notable de la industria aseguradora en México: desde un 1.15%, se incrementó la participación en el PIB hasta un 2.20%. Sin embargo, en otros países latinoamericanos este número es aún mayor, llegando a 2.98% de participación en el PIB en Colombia o 4.71% del PIB en Argentina.

Lo importante es entender cómo nos afectan directamente estos números y qué se puede hacer por mejorar. Veamos un caso para entender la tendencia:

Según el INEGI, en 2016 hubo 360 mil accidentes de tránsito y, considerando que sólo tres de cada 10 autos están asegurados, esto significa que la mayoría de los costos por daños tuvieron que ser absorbidos directamente por los propietarios, al igual que aquéllos derivados de las probables lesiones de los involucrados.

De acuerdo con estos datos, de los casi 43 millones de autos que hay en México (Condusef), más de 30 millones circularían a su suerte. Esto es preocupante, primero, por la integridad de los mismos conductores y tripulantes, y segundo, por los afectados que no tuvieron responsabilidad en los siniestros. La prevención y la protección tienen impacto en la sociedad en general.

No es el único ejemplo. La misma dinámica se repite, por mencionar algunos, en los seguros de vivienda, de salud, de vida, desempleo, incapacidad por accidente, y empresariales, que aún no tienen suficiente presencia en la población e importantes áreas de oportunidad. Estas áreas de oportunidad incluyen, por ejemplo, productos que responden a la necesidad creciente de las compañías innovadoras de proteger sus datos e información contra la amenaza de una amplia gama de riesgos cibernéticos. Hay un largo camino por recorrer para que las personas conozcan los beneficios de contar con un seguro. Si sumamos la baja inclusión financiera, podemos entender el porqué de las cifras anteriores y su relevancia.

LOS PENDIENTES

Según la Condusef, la mayoría de las personas que no aseguran su auto lo hacen por considerar el precio demasiado alto, y esta idea la podríamos extender al resto de los seguros personales. Sin embargo, lo que falta es información.

Cabe preguntarse: ¿es realmente más alto el costo de un seguro que cubrir de manera independiente los daños causados en un accidente? Simplemente al considerar las posibles implicaciones en cuanto a Responsabilidad Civil, en un siniestro el precio de una póliza se pagaría por sí mismo. El supuesto gasto al adquirir un seguro, es en realidad una inversión en tranquilidad e, idealmente, a largo plazo.

Aquí es donde el papel de las aseguradoras para cambiar la cultura de la prevención en México es vital. Las personas necesitan conocer el riesgo que significa no estar cubierto en caso de robo o de un choque: lo que tienen que desembolsar para reparar su vehículo o el de terceros, los posibles gastos médicos (propios o de terceros) generados por el accidente, gastos legales, etc., llegando a veces hasta hacer peligrar su patrimonio.

“Es importante crear conciencia en las personas para que conozcan y evalúen cuál es el mejor seguro para cada uno. Algunos llegan a pensar que comprar un seguro no es necesario, que se trata de un lujo que sólo pagan las grandes compañías, pero no es así. Un buen seguro nos protege también en lo personal, al conducir, al trabajar y en todo momento, ya que no sabemos cuándo tendremos que usarlo.